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#Telos112

Mónica Nepote es escritora, editora y protagonista de Telos 112, que se ha presentado el jueves, 16 de enero, en Espacio Fundación Telefónica. En esta entrevista nos acercamos a una definición de las Humanidades digitales y analizamos su papel en un entorno cada vez más tecnológico. También hablamos de la cultura digital y de la fórmula para que llegue a todo el mundo.

Mónica Nepote es una exploradora. De la palabra, del texto, del libro. Nacida en Guadalajara, México, Nepote dirige el proyecto de e-literatura del Centro de Cultura Digital, empleando la tecnología para expandir la forma y los formatos de la cultura y la creatividad. Es editora, escritora, gestora cultural, pensadora y es la protagonista del último número de la revista Telos, que se centra en el (inesperado, pero necesario) auge de las Humanidades en un mundo dominado por las disciplinas STEM.

“Soy una escritora que ve la escritura y la edición como espacios de exploración”

Definir las cosas nos ayuda a entenderlas. ¿Qué son las Humanidades digitales y en qué se diferencian de las Humanidades tradicionales?

Las Humanidades digitales analizan la forma en que producimos cultura con las herramientas tecnológicas y al mismo tiempo proponen el uso de las herramientas para sistematizar estudios y abordajes desde dichos ángulos. Las Humanidades engloban una serie de pensamientos y acciones que nos detienen a reflexionar y analizar. Quiero pensar que crean otro tiempo dentro de los tiempos acelerados de producción. No sé si suscribo la idea de ‘Humanidades nativas digitales’ porque creo que la necesidad de reflexionar, de generar pensamiento que analiza las acciones humanas está antes de que exista una herramienta determinada.

¿Cómo se relacionan los nativos digitales con estas disciplinas y con el entorno tecnológico?

Los nativos digitales –término que no me gusta del todo, porque creo que seguimos siendo híbridos todavía, incluso los más pequeños– están parados ante las tecnologías con el fin de consumir o, mejor dicho, de ser prosumidores (es decir, productores y consumidores). Quisiera pensar, desear, que todo usuario tuviera oportunidad de echar mano de una cierta dosis de pensamiento crítico que le ayude a situarse ante sus dispositivos, ante las plataformas a las que se suscribe y en las que participa y produce contenidos gratuitos.

En un mundo hipertecnológico y en constante movimiento. ¿Qué papel juegan las Humanidades digitales?

Tengamos o no grados académicos, el pensamiento es parte de nuestra humanidad y este se activa para pensar en cómo estamos haciendo las cosas, para qué fines o qué consecuencias tienen nuestras acciones, para nosotros y para el mundo.

«Las Humanidades digitales analizan la forma en que producimos cultura con las herramientas tecnológicas»

¿Qué pueden aportar las Humanidades digitales a la tecnología?

Si no pensamos en qué hacemos, para qué lo hacemos y qué implicación tiene, seríamos capaces de arrasar con todo. Por ejemplo, si nos instalamos en una determinada localidad y acabamos con su ecosistema para extraer minerales para la construcción de dispositivos tecnológicos y para tener una vida feliz…habría que pensar qué entendemos por felicidad. Si queremos una vida plácida, como mínimo tenemos que pensar que deberíamos tener aire limpio, agua limpia y tierra limpia. Diseñar tecnologías que piensan en lo humano y en lo no humano es una acción conjunta de desarrollo y reflexión.

En tu entrevista para Telos 112 afirmas: “La gente de Humanidades hemos decidido regodearnos en una zona de confort cada vez más inoperante”. La percepción de un mundo dominado por las STEM nos lleva a pensar que, por lo menos de momento, las Humanidades digitales juegan con cierta desventaja. 

Esa reflexión surgió a partir de Geert Lovink, el teórico holandés que critica severamente la resistencia de la gente de Humanidades a formarnos en materia de programación. Creo que nos hemos comprado esa división, como si mantener a las matemáticas alejadas de la filosofía o la programación de la literatura nos resolviera mundo. Por el contrario, no nos resuelve, quizá nos resultó muy cómodo, pero es necesario que la gente de esas disciplinas englobadas en las Humanidades contribuya de manera más activa a pensar el mundo ante situaciones urgentes. Es necesario conocer las herramientas, alfabetizarnos en materia de lenguajes de programación, entender cómo opera la caja negra y qué papel jugamos ante esta opacidad.

¿Qué podríamos perder si abandonáramos las Humanidades digitales en favor de las STEM?

Se perdería el mundo. Literalmente. Si no pensamos desde la crítica y la reflexión en la forma en cómo se produce la tecnología, acabaríamos con la vida en el planeta. Tenemos indicadores preocupantes de que eso ya está sucediendo. Más bien creo que la clave para esta década que empieza es pensar a nivel colectivo alternativas que aparentemente las instituciones no quieren pensar: pensar en lo humano y en lo no humano, en la naturaleza, en las especies con las que cohabitamos, en los otros y otros seres que tienen otras circunstancias sociales y políticas. Si no pensamos desde este ángulo, estaremos perdidos.

«La cultura digital nos involucra a todas y todos, incluso a quienes no tienen acceso a los ordenadores»

¿Quiénes son los protagonistas de un nuevo auge de las Humanidades digitales?

El punto clave es la educación. Pienso en los espacios alternativos que surgen más allá de las instituciones educativas, en el gran número de personas y colectivos que nacen con propuestas de pedagogías alternativas a lo institucional. Las universidades ven a sus alumnos como clientes, mucha gente joven desarrolla sus habilidades tecnológicas en otros espacios y con otros recursos: desde tutoriales o cursos en línea, a talleres en espacios alternativos o talleres diseñados y pensados por grupos de personas que tienen en el horizonte la idea de compartir la cultura libre. Hay redes de personas que comparten sus saberes y otras que los aprenden, hay artistas que ven esos mundos y los reflejan en sus trabajos, pero también hay un alto porcentaje de gente que sigue en la resistencia o peor aun, en la negación o la evasión. Te diría sí, definitivamente, los artistas, los educadores, los padres, los abogados, los activistas, todo aquel que quiera reconocer la urgencia de imaginar mundo y recurrir a estrategias incluso radicales, que no están en mente de las personas que ostentan el poder.

¿De qué está hecha la cultura digital?

En términos generales: de hardware y software. El hardware producido por ciertos países y ensamblado en otros con mano de obra barata y diseñado por las mismas cabezas que diseñan casi todo el software que usamos: por hombres blancos del norte global. Es decir, la cultura digital nos involucra a todas y todos, incluso a quienes no tienen acceso a los ordenadores, porque esa brecha también significa algo. Parece que si una persona no tiene una identidad en línea no existe, pero al mismo tiempo somos un saco de datos que genera información, a veces usada con fines ajenos a nuestros propios alcances. Estamos envueltos y mediados por tecnología y es importante pensarnos en esta realidad.

¿Cuál es la fórmula para que la cultura digital llegue a todos y todas? 

La tecnología nos alcanza. En algún momento tendremos un dispositivo que usaremos para fines de comunicación y consumo. Desde mi trabajo en el Centro de Cultura Digital resulta fundamental promover la importancia de estar informados, saber cómo funcionan tanto los dispositivos como esas webs que consultamos, cómo funcionan las redes, los datos, el flujo, a dónde van, quién los guarda, con qué fines. Tener acceso a una educación que nos permita saber algo del lenguaje en el que se programan esas tecnologías, ser capaces de tomar decisiones, entender que construimos identidad en los espacios en línea, o analizar cómo hasta nuestros afectos se ven mediados por nuestra manera de estar en red y online. Creo que una forma básica de conseguir todo esto es contribuir a la alfabetización digital de todas las personas.

Por Alessia Cisternino

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Telos 112

En la presentación del último número de la revista contamos con la participación de Mónica Nepote; Ricardo Alonso Maturana, fundador y director de GNOSS; Juan M. Zafra, director de Telos; y Rodrigo García Fernández, subdirector de Cooperación Cultural del Centro Cultural de España en México.

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Mónica Nepote: ¿Qué son las Humanidades digitales?
Mónica Nepote: ¿Qué son las Humanidades digitales?