Los ‘sí’ de la Educación, por Francesco Tonucci

Referente de la innovación educativa, el investigador y pedagogo italiano es partidario de dejarle a los niños tiempo para jugar porque así podrán desarrollar ideas que enriquezcan el diálogo en la clase. Tonucci aboga asimismo por fomentar la participación y el trabajo colaborativo: crear conocimiento entre toda la comunidad escolar.

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Francesco Tonucci (Fano, Italia, 1941) es un pedagogo y docente italiano referente de la innovación educativa en Europa y Latinoamérica. “Abuelo y educador de educadores”, se define él. Aprovechando su paso por el ciclo ‘Hay Vida en Martes’ de Espacio Fundación Telefónica, ha perfilado para Fundación Telefónica una especie de manual asertivo para aplicar en las aulas. Los 5 síes de la educación, como lo hemos llamado, mejorarían la calidad educativa en muchos colegios de Europa y América.


Hay Vida en Martes, la sesión íntegra | César Bona en EED Publicaciones de Educación


Tonucci divulga entre docentes y pedagogos el modelo educativo en el que él cree, porque lo ha visto y estudiado. Un modelo basado en las escuelas abiertas, capaces de acoger a todos los alumnos y que pongan en valor las inteligencias múltiples, ya que todas valen. Según Tonucci, los maestros están para “ayudar a los niños a desarrollar sus capacidades” y las escuelas deberían ser “el lugar idóneo para que el niño pueda encontrar su naturaleza y luego desarrollarla”.

frato“Solo soy una persona que va contando cosas que aprendí de maestros innovadores que he tenido la suerte de tener cerca”, afirma Tonucci con la humildad de los grandes. Antes de despedirse con uno de sus dibujos, el investigador italiano se ha prestado a hacer un esquema con los cinco síes de la educación:

1º) ‘SÍ’ A LA CONFIANZA EN LOS NIÑOS.

Saber que los niños saben es la primera premisa. Tenemos que confiar en la competencia y la capacidad de los niños. A partir de ahí, todo el planteamiento anterior que arrastramos se derrumba: la idea de que la escuela está hecha para niños que no saben y que por tanto ellos tienen que escuchar y nosotros, los maestros, hablar, porque nosotros sabemos y ellos no… Todo eso es equivocado: los niños saben. La consecuencia de esta afirmación llega con el segundo sí:

2º) ‘SÍ’ A ESCUCHAR A LOS NIÑOS.

Escuchar a los niños significa que tenemos que abrirnos al mundo que ellos llevan consigo a la escuela. Y este es el material principal de la escuela. La capacidad de abrir los oídos al mundo interior de cada alumno lleva implícita una tercera consecuencia:

3º) ‘SÍ’ A LAS DIVERSIDADES.

Las diversidades son la riqueza, la igualdad es la pobreza de la educación. Tonucci propone incluso mezclar las edades: no tiene sentido que tengan todos 8 años, deberían ser grupos heterogéneos para aprovechar esta diversidad. A la diversidad de la raza, de las capacidades, del género, la diversidad de la educación de proveniencia… todo eso enriquece la escuela. Habría que sumar a todas estas diversidades la de la edad. La consecuencia de este ‘sí’ conlleva una quinta premisa para mejorar la educación:

4º) ‘SÍ’ A LOS MUCHOS LENGUAJES.

La proyección de la diversidad en la escuela es que ésta reciba a cada alumno con sus distintas particularidades y en función de ellas, les ofrezca posibilidades de expresión diferentes, como prevé el artículo 13 de la Convención de los Derechos del Niño que hace referencia a la libertad de expresión.

5º) ‘SÍ’ A LOS ÚLTIMOS.

El objetivo de una escuela pública (entendiendo por ella una escuela abierta a todos, no importa si la gestión es privada o estatal) es la de ser la escuela de los últimos. Los últimos deben ser nuestros preferidos, los que necesitan más que todos, porque no tienen una posibilidad alternativa. Solo la escuela puede ayudarles a recuperar las lagunas que la vida le ha dado naciendo con dificultades… económicas, culturales… con lo cual deben ser los alumnos preferidos.

Para saber más, en el canal de Fundación Telefónica en Youtube puedes ver la sesión íntegra del ciclo ‘Hay Vida en Martes’, con Franceso Tonucci y César Bona.

Firma: Carmiña Castromil