Débora da Silva, la Voluntaria del Año que mueve cielo y tierra para ayudar a los demás




Débora comenzó su andadura en Telefónica cuando tenía tan sólo 15 años. Ahora tiene 32, es economista y lleva 4 años vinculada a Voluntarios Telefónica, representando los valores de la empresa a cada paso que da. Todo esto, sumado a su compromiso con mejorar el mundo día a día, hace que reúna todas las características que se esperan en una líder de Telefónica, y que, por ello, la Compañía haya decidido galardonarla con el premio a Voluntaria del Año 2018.

Empatía, liderazgo y ganas de cambiar el mundo, fueron los ingredientes escogidos para crear a Débora Carine da Silva de Olivera, una brasileña de 32 años que reparte su tiempo entre ser analista financiera en la vicepresidencia de Ingeniería Servicios de Clientes de Telefónica Brasil y ayudar a los que más lo necesitan. “Es increíble formar parte de una empresa que, además de cuidar de cada colaborador, nos impulsa a cuidar a otros como si estuviésemos cuidando de nosotros mismos”, comenta la Voluntaria del Año, que confía en la tecnología como un medio para hacer del planeta tierra un lugar mejor para quedarse a vivir. Para ella, “el voluntariado es una orquesta, en la que el Voluntario Telefónica consigue escuchar cada instrumento con todos sus matices”.

“El voluntariado es luz, ponerse en el lugar del otro. Consiste en apoyar y conectar personas a través del amor.” (Débora Da Silva, Voluntaria del Año).


A partir de ahora las cosas son distintas para ella, ya que, tras convertirse en la Voluntaria del Año 2018, asume una gran responsabilidad: ser una figura de referencia para muchos, un modelo a seguir. “Este premio es una prueba de que ayudar es valioso, de que el voluntariado, entre otras cosas, es amor, y el amor nos conecta”, sostiene Débora.

Una contribución social extraordinaria

El caso de Brasil es delicado. Se trata de un país que necesita mucha ayuda en cuestiones de inclusión social. Tal es así, que un 30% de las acciones de voluntariado en Telefónica, se destinan allí.

Débora ha destacado con empatía y liderazgo en proyectos, como el Voluntariado de Curitibia, en el que ha sido líder del Comité. El proyecto está formado por 47 voluntarios que han desarrollado proyectos para niños, jóvenes, personas con discapacidad y medio ambiente.

Sus acciones contribuyeron a ampliar la capacidad de atención de algunas instituciones, aumentar el número de socios que participan en el programaV incrementar la participación del público de técnicos y asistentes en centros de contacto. “La desigualdad es algo que me motiva a ayudar siempre más”, admite Débora, “Cualquier actitud por pequeña que sea puede cambiar la vida de alguien”.


Por otro lado, nuestra protagonista consiguió movilizar a más de 800 voluntarios y a seis entidades sociales e instituciones, ayudando a más de 10.000 personas, de las cuales 552 tenían algún tipo de discapacidad. Gracias a esta oleada de solidaridad, beneficiaron a una escuela para chicos con discapacidad, una casa hogar para niños víctimas de violencia, una asociación de asistencia social, además de una organización de educación ambiental y la institución Dar a Mão, que construye prótesis en impresoras 3D para niños con mala formación de los miembros superiores.

Este último proyecto es uno de los que más han llenado a Débora, “fue increíble conocer la historia de los primeros beneficiados, las dificultades encontradas y cuál es la mejor forma de ayudarlos. Muchas veces necesitamos sólo un poco de atención y cariño para transformar la vida de alguien. Es algo que no es sólo aplicable al voluntariado, sino a la vida.”


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