Colecciones Artísticas

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Inicios de la colección


En sus inicios, la Colección de Arte de Telefónica surge como respuesta al deseo de la Compañía.

Fotografía contemporánea


La Colección de Fotografía Contemporánea de Telefónica comienza a gestarse en el año 2002.

Cubismo


Constituida en torno a la contextualización de la obra de Juan Gris.

Obra en papel: TELOS


La Colección Telos nace en el año 85.

Pintura: Figuración Renovadora


Con el compromiso constante de contribuir al conocimiento y desarrollo de nuestra cultura.

FERNÁNDEZ, Luis > L’Immense bouche


Fecha:
1939

Técnica y soporte:
Óleo sobre lienzo

Medidas:
19 x 32,5 cm

Lugar y fechas del autor :
Oviedo, 29/04/1900 -- París, Francia, 25/10/1973


Descripción

L'Immense bouche, óleo sobre lienzo datado en 1939 se inserta dentro del demoninado periodo picassiano de la obra de Fernández. Luis Fernández conoció a Pablo Picasso en 1934, cuando tras varios intentos fallidos y llamadas sin respuesta, el malagueño accedió a recibirlo en su estudio dando comienzo a una estrecha amistad que se prolongaría durante años. En aquella época, Fernández visitó a Picasso prácticamente a diario, y en ocasiones colaboraron en la realización de algunos trabajos, lo que provocó que la obra del pintor asturiano acusase la influencia de Picasso. De él, Fernández admiraba la expresividad y la espontaneidad de su pinturas, cualidades de las que él mismo creía carecer, pues como señaló en alguna ocasión, a sus cuadros les faltaba la emotividad. L'Immense bouche es una de las creaciones más representativas del periodo picassiano, cuyo punto álgido se sitúa entre 1938 y 1939. La cabeza del caballo muerto trae a nuestra memoria el caballo representado por Picasso en su célebre Gernica, pintado en 1937, época en la que ya había entablado amistad con Fernández, lo que hace suponer que éste último conoció de primera mano el proceso de trabajo llevado a cabo por el pintor malagueño. El tratamiento de la cabeza en Fernández acusa mayor geometría que el de Picasso. El pintor asturiano aísla la cabeza y la coloca sobre un fondo en el que predominan tonalidades azuladas y verdosas. La boca del animal se abre para emitir un último grito agónico, que es captado en su momento de mayor expresividad por ambos pintores.