Transición de la educación al trabajo: ¿dónde están los jóvenes de 15 a 29 años?

En 2014, uno de cada cinco jóvenes españoles con estudios universitarios era NINI (no estudia, ni trabaja), en una pronunciada desventaja frente a la media de la OCDE.

jovenes-desempleo



‘Panorama de la educación 2015: Indicadores de la OCDE’ es una de las fuentes más autorizadas de información sobre el estado de la educación en todo el mundo. Ofrece datos sobre las estructuras, la situación económica y el rendimiento de los sistemas educativos en los 34 países miembros de la OCDE. Coincidiendo con la publicación en español, la Fundación Santillana con la colaboración de Fundación Telefónica, ha editado esta nota explicativa con los indicadores más relevantes del informe.

Descarga el informe completo

En España, la cantidad de jóvenes con formación universitaria que no estudia ni trabaja -concepto, este último, conocido como NINI– supera con creces la media de la OCDE a este respecto. También lo hacen los dos miembros de habla hispana del organismo. Mientras en España uno de cada cinco titulados universitarios (20,7%) de 29 años o menos no estudia ni trabaja, este porcentaje baja hasta el 13,7% en el conjunto de la OCDE. En México, la proporción es del 18% y en Chile, del 16,2%.  Son valores, desde luego, muy alejados de los de Noruega (5,2%), Suecia (5,5%) y Alemania (5,6%). Por detrás de España solo quedan Italia, Corea del Sur, Turquía y Grecia: en esta última, son dos de cada cinco jóvenes (40,3%) con estudios universitarios los que no estudian ni trabajan.

grafico1-informe-ocde-jovenes

España también queda por debajo de la media de la OCDE en cuanto a los jóvenes –recordemos, de hasta 29 años– que, habiendo alcanzado la educación universitaria, estudian y trabajan al mismo tiempo, aunque en menor medida: son más de uno de cada diez jóvenes (10,9%) mientras que, en el conjunto del organismo, este porcentaje crece hasta el 12,2%. En esta ocasión, México (8%) y Chile (5,8%) quedan por detrás de España. Según el informe Panorama de la educación 2015, publicado por la Fundación Santillana y basado en datos de 2014, los programas que ayudan a los estudiantes a empezar a trabajar ya antes de obtener su título universitario podrían ser una buena forma de facilitar el empleo a las personas jóvenes.

Si acudimos al grupo comprendido entre los 20 y 24 años –edades en las que, en muchos casos, los estudiantes están acabando sus grados universitarios–, veremos que, en España, solo el 6,1% de estos jóvenes está estudiando y trabajando al mismo tiempo, muy por debajo del conjunto de la OCDE (15,1%). Tampoco superan la media los jóvenes chilenos que son a la par estudiantes y empleados: uno de cada diez (9,9%). Como Chile, México (7,9%) supera a España, pero no al conjunto de Estados miembros. Tanto en Dinamarca (33,4%) como en Islandia (35,1%), uno de cada tres jóvenes a esta edad está estudiando y trabajando a la vez.

grafico2-informe-ocde-jovenes

Al acotarnos a esos cinco años –entre los 20 y 24 años– en los que a la población se la presupone en la universidad, el porcentaje de jóvenes NINI en España aumenta hasta el 29% y se dispara con respecto del conjunto de la OCDE, que solo crece hasta el 17,9%. Es el caso de uno de cada cinco chilenos (21,1%) alojado entre estas edades, y de uno de cada cuatro jóvenes de México (24,9%) en esta situación. Solo Grecia, Italia y Turquía –que alcanza el 36,3%–, se encuentran por encima de España en este sentido.

Aunque es fácil relacionar a los países del sur de Europa con la llamada población NINI, no es sencillo despejar un punto en común sobre los países en los que los jóvenes estudian, pero no trabajan.

Condiciones en las que compaginan estudios y trabajo

Si una fórmula adecuada para evitar el desempleo entre los jóvenes es que estos estudien y trabajen al mismo tiempo, es también interesante conocer las condiciones de trabajo de los jóvenes que estudian. En España, el 3,1% de la población comprendida entre los 20 y los 24 años trabaja entre media jornada y jornada completa –entre 20 y 34 horas a la semana–, mientras estudia. Es un porcentaje que, esta vez, no queda lejos de la media de la OCDE (3,6%), aunque sí supera las proporciones obtenidas, a este respecto, en Chile (1,9%) y México (2%). Los valores más elevados, en este sentido, se encuentran en Australia (14%) y Estados Unidos (7,9%). Es difícil encontrar un modelo europeo al respecto aunque, en esta ocasión, España parece ser una excepción dentro de los llamados PIGS.2 Grecia (0,9%), Portugal (0,8%) e Italia (0,7%) no parecen favorecer que los jóvenes de entre 20 y 24 años realicen jornadas de entre 20 y 34 horas mientras estudian.

En España, el 3,1% de la población comprendida entre los 20 y los 24 años trabaja entre media jornada y jornada completa mientras estudia.

Más dispares son las cifras de los jóvenes en edad de acabar sus grados universitarios que trabajan una jornada completa. En la OCDE, uno de cada veinte (4,8%) jóvenes de entre 20 y 24 años estudia y trabaja 35 horas o más a la semana. Es una cifra superada por Chile (5,6%), pero no por México (3,9%) y, desde luego, no por España (1,7%). Pero, ¿es deseable que un joven de entre 20 y 24 años, además de estudiar, trabaje a jornada completa? Algunos de los países en los que esto ocurre con más frecuencia, como Alemania (17,2%) o Islandia (11,4%) son, además, algunos de los países con una menor población NINI comprendida entre estas edades: el 10,1%, en el caso alemán y el 9,4%, en el caso islandés. Con todo, la tercera posición al respecto rompe algún esquema: en Turquía, un 10% de los jóvenes entre 20 y 24 años trabaja y estudia y, sin embargo, este es el país con una mayor población NINI comprendida entre estas edades –el 36,3%, como mencionábamos–.

Brecha de género

En las edades comprendidas entre los 20 y los 24 años, no hay grandes brechas de género aunque, tanto de media en la OCDE como en España, la proporción de mujeres que estudia y trabaja es mayor que la de hombres. En el conjunto de Estados miembros, el 16,3% de mujeres entre 20 y 24 años estudia y trabaja, mientras que este porcentaje baja hasta el 13,9% en el caso de los hombres. Son niveles más bajos en España: el 7,4% de mujeres entre 20 y 24 años estudia y trabaja. Solo uno de cada veinte hombres (4,8%) españoles se encuentra en esta situación. La tendencia se invierte en los dos miembros latinoamericanos, donde ellos trabajan y estudian más que ellas: son el 10,7% de los jóvenes chilenos en edad de acabar los estudios universitarios, mientras que ellas son el 9,2% de la población femenina en esta situación. En México, trabaja y estudia un 9,2% de los hombres entre 20 y 24 años, mientras que solo lo hace un 6,6% de las mujeres en esta situación.

La proporción de mujeres que estudia y trabaja es mayor que la de hombres
Al mirar a la población NINI entre 20 y 24 años, España se convierte en el único Estado miembro de habla hispana en los que ellos las superan, para mal, a ellas: es el 30,2% de hombres, frente al 27,9% de las mujeres. Es una tendencia que contradice, también, a la media de la OCDE: el 16,3% de hombres entre estas edades es NINI, mientras que el porcentaje crece hasta el 19,4% en el caso de las mujeres. Las diferencias de género se disparan al llegar a Latinoamérica. En Chile, un 15,4% de jóvenes varones entre 20 y 24 años no estudia ni trabaja; una realidad que toca a una de cada cuatro (26,7%) chilenas que se encuentran en las edades mencionadas. Es un abismo aún más grande en México: uno de cada diez (10,3%) hombres en edad de acabar los estudios de grado no estudia ni trabaja, mientras que, en el caso de las mujeres, este porcentaje alcanza el 29,4%.

Con la excepción española, estos datos anticipan la brecha de género laboral presente entre los jóvenes de la OCDE: en el conjunto del organismo, el 82% de los hombres de entre 15 y 29 años trabaja a tiempo completo, mientras que este porcentaje baja al 67% en el caso de las mujeres.

Historia de un joven de la OCDE

Como enumera el informe Panorama de la educación 2015, según la tendencia de la OCDE, un joven de 15 años de alguno de sus Estados miembros podría llegar a dedicar unos siete años más a la educación académica durante los siguientes 15 años de su vida: probablemente, los siete primeros, por lo que acabaría sus estudios sobre los 22 años.

Previsiblemente, ese joven pasaría trabajando y estudiando al mismo tiempo dos de esos siete años de estudios formales, gracias a los programas de becas y prácticas que reúnen a empresas con instituciones educativas. Después vendrían ocho años fuera del sistema educativo, durante los cuales este joven pasaría cinco años y medio empleado. Los dos años y medio restantes, se vería sin trabajo: y pasaría la mitad de ese tiempo, aproximadamente, en búsqueda activa de empleo.